viernes, 3 de mayo de 2013

EL CEREBRO DE FRANKENSTEIN (Terence Fisher, 1979)



Este film de la Hammer os puede llevar a engaño. Tanto el título en español como el original en inglés ("Frankenstein must be destroyed"), así como los posters y portadas publicitarias, son meros reclamos para atraer a los seguidores de la saga de películas que giran en torno al monstruoso personaje creado por Mary Shelley y llevado al cine en tantas ocasiones. Aquí se sirvieron de ese reclamo publicitario para que el público esperase una secuela con el entrañable ser de 2 metros dando tumbos con sus zapatones y tornillos en el cuello, para en realidad servirnos un plato de thriller fantástico sin grandes dosis de horror.

El argumento gira entorno al Barón (que no doctor, en este caso) Frankenstein, interpretado por un convincente Peter Cushing en un papel alejado de sus típicos héroes cazavampiros, y su intentona de llevar a cabo un experimento que ideó conjunto a un colega científico ahora internado en un manicomio, y que consiste en la teoría de que al transplantar un cerebro de un recién fallecido en el cuerpo de otra persona, dicha persona adquiere la personalidad, los conocimientos y los recuerdos del muerto en cuestión. Para ellos se sirve de la ayuda de un joven médico que trabaja en el manicomio (Simon Ward, que en la cinta luce un aspecto que resulta una extraña y curiosa mezcla entre David Bowie y Andrej Pejic) y sus bella esposa (introvertida pero curvilínea Veronica Carlson), a los que chantajea al descubrir ciertos trapicheos con drogas del que la pareja pretende sacar partido. Todo el afán del Barón es sacar a su amigo demente del santaorio y transplatar su cerebro al de un cualquiera, que se habrá encargado de asesinar con anterioridad.


La cinta tiene el ADN de la productora británica Hammer, y más concretamente de la obra de Terence Fisher, así se plasma en la ambientación, los decorados, el vestuario, los planos, el componente sensual que se apunta (aunque en mucha menor medida que en otros productos del realizador, especialmente en sus películas de vampiros). Aún así, el resultado es un film un tanto aburrido, engañoso puesto que no hay terror y sí intriga en todo caso (sólo hay un "susto" en el prólogo, cuando aparece el Barón disfrazado con una horrible máscara mientras comete un crimen). Claro que no faltan ciertas dosis de fantastique, ya que el tema de asesinar gente y abrirles la cabeza para sacarles el cerebro no deja de ser macabra, y en la película esas escenas están mostradas de la mejor manera que se podía en aquella época, es decir, sin mostrar apenas nada, salvo algunos trapos llenos de sangre y unas cicatrices por toda la cabeza del implicado. El guión es llevadero y se deja seguir sin demasiada intensidad, y el resto de caracteres rayan a buen nivel, como el jefe de la investigación que trata de descubrir lo que está ocurriendo, en un papel ciertamente caricaturesco.




Como dato curioso, comentar que la película fue censurada en España, concretamente una escena en la que Cushing se cuela en la habitación de la chica y la violenta sobre la cama. Demasiado para la época, claro está. Ahora esa secuencia se puede observar en la copia actual, pero como no se llegó a doblar al castellano oiremos las voces de los actores forcejeando en versión original.


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