martes, 14 de octubre de 2014

LA NIEBLA (Frank Darabont, 2007)



Ha quedado bastante claro que Frank Darabont está llamado a ser el cineasta que plasme en pantalla la obra del prolífico Stephen King. Hasta la fecha, en las tres ocasiones en que se ha puesto tras la cámara para llevar al cine obras del escritor norteamericano (por cierto, novelas no tan famosas en su momento como puede parecer) ha elevado a cotas de alta calidad la ya de por sí imaginativa argumental de King. Baste como ejemplo simplemente nombrar dichas películas: Cadena perpetua, La milla verde, y La niebla. En las dos anteriores, Darabont escogió obras de King con muy poca o ninguna carga sobrenatural, mucho más alejadas del terror que la que nos ocupa. En La niebla, es la primera vez que el director se atreve con una historia de horror que sacude el universo cotidiano del día a día, tan usual en la obra del escritor de Maine.

No cabe duda tampoco que el propio King se siente generosamente satisfecho por estas adaptaciones cinematográficas, hasta el punto de haber creado una cercana amistad con el cineasta. Tanto es así que ambos coinciden en los rodajes y que el escritor tiene no poca capacidad de decisión en determinados aspectos. Basta con echar un vistazo a extras y makings of de las ediciones DVD/Blu-Ray de las películas mencionadas.

La trama de esta obra de corte catastrófico-claustrofóbica gira en torno a una pequeña y tranquila localidad norteamericana, que se ve imbuida a la mañana siguiente de una noche tormentosa por una extraña y densísima niebla de origen desconocido, lo que sorprende a un grupo de personajes en el interior de un supermercado. Parece que la niebla trae consigo espeluznantes criaturas que no dudan en atacar a quienquiera que se adentre en ella, así que se ven obligados a recluirse en la tienda. Este argumento muy del cine de serie B de ciencia-ficción, se mezcla con el apabullante drama humano de ese grupo de personas heterogéneo que debe luchar por sobrevivir en una situación límite y en un espacio reducido.

Sin obviar los acercamientos al horror cósmico heredero de Lovecraft y los efectos especiales, bien conseguidos aún con el toque vintage del cine de los 60, es en el citado aspecto humano donde Darabont muestra lo mejor al espectador, con un estupendo tratamiento de los personajes, muy superior al que se les suele dar en este tipo de películas. Destaca especialmente el personaje de la señora Carmody, interpretado de forma genial por Marcia Gay Harden, una fanática religiosa que comienza por provocar rechazo, pero evoluciona y gana fuerza a lo largo del argumento a través de la desesperación para acabar despertando no poca inquietud.


Toda las miserias humanas se van plasmando en este film conforme avanza con el argumento la sensación de inseguridad: desconfianza, egoísmo, competitividad, dilución de responsabilidades, negación de los hechos, búsqueda de culpabilidades en lugar de soluciones, etc. Todo lo que tristemente es capaz de llegar a experimentar un ser humano puesto en unas circunstancias tan adversas. Hay una sentencia que se cita en la película demoledora: "Mete a dos completos desconocidos en una habitación sin nada más, y no tardarán en encontrar una razón para matarse el uno al otro". Tanto es así que llega un momento en el film donde no se sabe si los protagonistas estarían más a salvo en la niebla a merced de las criaturas, que dentro del supermercado enfrentándose a los peligros humanos.

Y, por si fuera poco, lo mejor llega en un final tremendamente impactante, dramático y hasta con un punto irónico. Un desenlace capaz de dejar a más de uno sentado en la butaca un buen rato meditando sobre lo ocurrido. Se le perdona, aún más, se le agradece que no respete el final original de la novela de King, bastante inferior a lo que aquí se sugiere (tanto es así que el propio King se lamentó de no haber tenido tal inspiración para cerrar la obra en el momento de su elaboración).




En resumen, un genial exponente de moderno cine de serie B (no en vano, uno de los extras de su edición en DVD/Blu-Ray es poder disfrutar de la película en un montaje especial en blanco y negro, al más puro estilo sesentero cercano a la Twilight Zone) especialmente cuidado en su aspecto psicológico, un ejemplo algo desalentador de que, en situaciones extremas y de supervivencia, debemos temer más a nosotros mismos que al peligro que venga de fuera.