Ópera prima de uno de esos directores del nuevo terror indie americano, quien posteriormente rodó la interesante cinta de vampiros "Stake Land" y más recientemente "We are what we are", un remake de la mexicana "Somos lo que hay".
En este su primer largo, Jim Mickle tira de su actor fetiche Nick Damici, un trasunto de Patrick Swayze y Mickey Rourke con menos calidad interpretativa que ambos juntos. Aquí da vida a un ex-boxeador que debe enfrentarse a una plaga de una extraña enfermedad que parecen estar propagando las ratas de Manhattan (centrándose en la concurrida e histórica Mulberry Street), y que convierten a todo el infectado en un monstruo con facciones similares a los roedores y un apetito voraz por la carne humana. Todo esto mientras espera la visita de su hija militar y le hace ojitos a una vecinita rubia a la que no dudará en ir a salvar abriéndose paso a puñetazo limpio (en el peor momento de todo el film, por cierto).
Así que nos encontramos con un survival horror de bajo presupuesto, eso sí, honesto en sus muchas limitaciones económicas. Rodado con una fotografía oscura, sórdida y desprendiendo suciedad, y con un montaje nervioso, recuerda (tal vez demasiado) a "28 días después", de Danny Boyle. También hay que decir que el uso de tanto claroscuro es una forma astuta de evitar mostrar claramente los efectos de maquillaje de andar por casa.
El film visita lugares comunes de este tipo de subgénero del terror, y no difiere mucho de una película de plaga de zombies. Su máximo problema no es este, sino que sus escenas de tensión resultan excesivamente repetitivas: aparece un bicho, se guarda máximo silencio para que el bicho no los oiga, y al final siempre a alguien se le cae algo al suelo. Aún así, resulta un producto decente a pesar de sus escasos medios, y su desenlace (que, dicho sea de paso, homenajea a "La noche de los muertos vivientes" de Romero) no deja mal sabor de boca.
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