miércoles, 21 de enero de 2015

PONTYPOLL (Bruce McDonald, 2008)




Un planteamiento diferente de la tan manida oleada de películas sobre invasiones zombi de nuestros días. En este caso, la historia se nos cuenta desde el punto de vista de una aislada emisora de radio y sus tres trabajadores. Transcurre una invernal jornada normal hasta que, tras varias conexiones en directo y teletipos confusos, se van dando cuenta que hordas de personas están actuando como animales de forma muy violenta, contagiadas por una extraña epidemia.


Todo esto esta narrado con inteligencia durante la primera mitad de metraje, sabiendo manejar los tempos y haciendo la historia interesante pese a estar construida en base a planos dentro de la emisora, desprovistos de acción más allá de explicitar la rutina de una estación de radio cualquiera. Todo el peso lo llevan las conversaciones (no se pierdan el vozarrón el versión original del bueno de Stephen McHattie) y conexiones en directo.

Lamentablemente, cuando la película entra en el terreno de explicar la base de la epidemia, los medios de contagio y las posibles soluciones, todo se desmorona. Porque es tan inverosímil que parece incluso una tomadura de pelo. Y se logra lo que nunca se busca, que el espectador desconecte y se desvincule de la intriga, hasta el punto de que el desenlace, por llamarlo de alguna manera, parece más bien sacado de una triste película de serie B.

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