miércoles, 14 de enero de 2015

OCULUS (Mike Flanagan, 2013)



Este joven director ya mostró en Absentia (seguimos con los "latinismos" tan de moda hoy en día) que tenía cierta pericia para crear escenarios inquietantes y salirse un poco de la literalidad del cine de terror contemporáneo. Aquí en Oculus  (que en castellano contiene el aborrecible y anti-comercial subtítulo de "El espejo del mal") parece dar un pasito más adelante y realiza un, aparentemente, típico film de casa encantada con pasado trágico, pero lo hace de un modo original y muy hábil, más aún con el apoyo de unas interpretaciones más que correctas, especialmente por parte de Karen Gillan.

La historia versa sobre un espejo maldito que lleva la desgracia a todo aquel que lo posee. Una joven pretende acabar con el maleficio que acabó con su familia, destruyendo el objeto. Pero no es tarea fácil. Para ello buscará la ayuda de su hermano recién salido del correccional (a causa de un suceso pasado relacionado con el espejo) y un estudiado experimento con cámaras, sensores y temporizadores, con la intención de que todo quede registrado y no la tomen por loca.


Por lo tanto, en este caso es un objeto concreto el que propaga la maldición a través de los inquilinos, afectando a su conciencia y separándolos de la realidad, hasta el punto de que no saben si lo que hacen o ven es real o es un truco demoníaco. Algo parecido se puede ver en la Annabelle de 2014, donde otro objeto (en este caso una muñeca horrenda) atrae el mal a su alrededor, si bien por sí mismo parece no hacer nada.

No es pues exactamente una cinta de fantasmas (que los hay) ni de sustos (que también). Es más un film de sensación, de inquietud, de desasosiego, de mal rollo. En el fondo, todo lo que una película de terror debería de ser aparte de una amalgama de "chim-pums" orquestales y apariciones en primer plano de la criatura de turno. Aquí también hay de eso, pero de un modo más secundario.


Esta película tiene el mérito de mantenernos pegados a la pantalla expectantes ante lo que pueda ir sucediendo. Más aún cuando con sorprendente destreza se nos insertan los flash-backs explicativos sobre la tragedia familiar en el transcurso de la narración principal, lo cual carga de vigor e interés al argumento. A veces, sin embargo, se peca en exceso de este recurso y acaba solapando escenas en ambas líneas de acción, lo cual puede llevar a confusiones. Este aspecto le hace perder un poco de empaque hacia el final.

Aún así, el desenlace es cuando menos correcto aunque uno se lo pueda ir oliendo tal y como van sucediéndose los acontecimientos, y uno acaba su visionado con la sensación de haber disfrutado de un producto de género, serio, muy digno e inquietante.


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