Salto americano (y espacial) del discreto director español de "El Rey de la Montaña". Nos presenta en esta ocasión una película de terror al estilo "falso documental" tan habitual estos días, o mejor dicho de "metraje encontrado" (found footage). Una especie de "Paranormal Activity" espacial ambientada en la última expedición a la luna, la cual nunca regresó y cuya existencia se ha estado manteniendo en secreto. ¿Por qué? Ahí está el quid de la cuestión.
Tres astronautas son enviados a la luna. Uno de ellos queda en la órbita y los otros dos bajan en el módulo lunar para realizar las investigaciones pertinentes. Al poco, encuentran el cadáver de un astronauta ruso, al tiempo que ciertos indicios parecen hacer ver que hay algo no humano rondando por allí fuera, hasta el punto de que uno de los cosmonautas parece ser infectado...
Toda esta premisa, para nada original ni en la forma ni en el fondo, está narrada pues de forma mareante a base de tomas de cámara en mano o bien de otras cámaras fijas alrededor del módulo lunar. Como suele pasar en este tipo de pasatiempos, hay que estar atento a lo que se mueve dentro de la pantalla, aunque el director igualmente utiliza el truquito de repetir (y hasta señalar) algunas tomas por si no hemos captado bien lo que ha sucedido, en una maniobra, todo hay que decirlo, un tanto simplona.
Lo mejor de la película puede ser que nunca se muestra con toda claridad la naturaleza de la amenaza, aunque está claro que se relaciona con unas formaciones parecidas a rocas lunares... digamos, "transformables". De este modo la sensación de intriga más o menos se sostiene, a pesar de que, nuevamente como suele ser habitual en el "modus operandi" de este ya subgénero del horror, nada de lo que se plantea se desarrolla ni se cierra debidamente. Todo es tratado muy por encima en pos de los efectismos veristas del modo de narración en primera persona. Lo que se suele buscar aquí es pues el impacto más cercano para con el espectador, pero salvo un par de tomas, no llega a conseguirse tal y como debería ser. Demasiado poco.
Afortunadamente, la película se sobrelleva bien porque apenas dura hora y cuarto (con unos incomprensibles 10 minutos -o más- de créditos finales a una velocidad de tortuga).

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