De todo el boom de cine oriental de terror de la primera década del milenio actual, se debe hacer un hueco a este director coreano de género, cuya cinta que nos ocupa está firmada por el mismo que la interesante Nightmare (Gawi) (2000), o la más conocida Phone (2002).
En una primera hora vertiginosa, Byeong-ki nos sitúa en un instituto femenino en el cual parece que una alumna discriminada utiliza el fantasma de una chica fallecida tres décadas antes para vengarse de sus desagradables compañeras. Tras esto, el tono del film gira hasta el thriller más pausado, donde se investiga y reconstruye el pasado trágico del espíritu y el porqué de su maldición, todo ello salpicado alternativamente por alguna píldora de terror, que si bien no aporta mucho a la trama provoca más de un buen susto. La acción vuelve a cobrar vida en el desenlace, que demuestra por qué el género de terror oriental cobró tanta fama, y es que se puede hacer una buena película con buenos momentos de horror, pero además con un guión bien defendible.
A pesar de utilizar ciertos clichés que a posteriori han sido archiexplotados por la corriente asiática de género (pelo negro, rostros pálidos, apariciones físicamente complejas), nos reserva una buena dosis de inquietud y mal rollo, totalmente desaconsejable para un visionado solitario y nocturno.
Por destacar algo como lo mejor, basta con echarle un vistazo a la escena del prólogo para comprobar lo que nos espera.
Son unos maestros en eso del mal rollo a cámara lenta. jeje
ResponderEliminarMe la apunto!
Saludos!